Carta abierta a Paco Vázquez


Recibir la avispa anunciando tu artículo este jueves en El Mundo significó para mí una noche indeseable para adivinar su contenido. Leerlo esa mañana, un dolor insoportable para mi corazón roto. Vivo para ver El mejor alcalde de la historia de la ciudad, el Paco de la Universidad y la Sinfónica, de los museos, de las bibliotecas, de los parques, de las 8.000 nuevas oficinas públicas, del paseo marítimo y de los aparcamientos, el hombre que partiendo del pragmatismo socialista y la socialdemocracia avanzada construyó una de las mejores y más bellas ciudades de España, que transmite los sabores más antiguos de la política nacional, ahora resiente el obsoleto y perdido franquismo en una arboleda del Tridente ine sotanas, que intenta, entre todas las cosas, transformarnos «á longa noite de pedra» de horror, silencio y represión.

Para ello, tú, el alcalde más electo de España, tuviste que traicionar a tu viejo partido y los venerables principios de tu admirado Pablo Iglesias y, sentado en el cómodo sillón de la opulencia, dogmatizar la pureza de la socialdemocracia, a la que dotas de una virtud casi teológica e ignoras a sabiendas de su naturaleza, que es tan flexible e inútil como la luz internacional del humanismo y el voranismo frente al capitalismo y la futilidad. Trump, Putin, Meloni, Erdogan o Abascal.

¡Sospecho que la aparición de su trabajo en la prensa, en el penúltimo día de campaña, es una coincidencia! Se generará algún movimiento de inercia en el pequeño grupo residual de su Guardia Pretoriana compuesta por antiguos «Maronitas» y actualizados «Moreditas». Además, un aluvión de indestructibles adherencias de alguna rancia y osificada ley ibérica mantenida viva por las tonificantes bolas de naftalina de la nostalgia. Todo esto seguramente habrá sido un reconfortante complejo vitamínico para tu vanidad. Pero, ¿valió la pena?, te preguntarás dentro de unos años, cuando el orgullo se desvanezca y la realidad, cada vez más humilde, haga su aparición.

Con todo el amor de siempre,

Cándido Barile.



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