Condenado por malversación de 100.000 euros a unos clientes del banco


El Tribunal Supremo confirmó la sentencia un ex agente bancario que robó 100.000 euros a dos clientes quienes creían que estaban contratando productos financieros por recomendación suya dada la amistad mantenida con él durante años, que incluso les había llevado a estipular nuevos contratos a través de él cuando el demandado ya no era empleado bancario.

El Alto Tribunal rechaza el recurso presentado por la defensa y en su auto, consultado por Europa Press, confirma la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) por un delito de fraude continuado a cuatro años y nueve meses de prisión, así como multa de diez meses y quince días y diez euros en la cuantía de diez euros diarios, así como la devolución de las cantidades acumuladas.

El imputado trabajó como agente financiero entre marzo de 2008 y marzo de 2013, cuando se rescindió su contrato ySe le exigió que devolviera todos los documentos que poseía, incluidos papelería, tarjetas de visita, etiquetas publicitarias, letreros, folletos o formularios.

Fue hacia el final de su estadía en la sucursal que «con el propósito de enriquecimiento injusto» contactó con dos de sus antiguos clientes, que previamente habían contratado algunos productos financieros que generaban unos ingresos determinados, para proponerles nuevos acuerdos financieros que también generaban ingresos.

En ese sentido, los convenció a ambos para que cumplieran los supuestos contratos por los que recibió 16.000 y 65.000 euros en efectivo. En cambio, el demandado les entregó recibos de ingresos en el «papel oficial aparente» del prestamista con la firma y el sello de la institución que administra «a sabiendas de la falsedad» y «para dar a las transacciones una falsa apariencia de verdad».

De esta manera hizo creer a los clientes que el dinero era necesario para el trabajo. una renta vitalicia de la institución «cuando no era verdad». Además, el imputado trató de dar mayor credibilidad a las operaciones, por lo que «efectuó un pago mensual a la cuenta bancaria» del perjudicado para «pretender que eran los ingresos mensuales generados por los productos contratados».

Tres años después, cuando ya ni siquiera formaba parte de la entidad, eEl imputado repitió la operación con los mismos clientes, de los que recibió 19.000 euros adicionales para presuntos nuevos reclutas. Del mismo modo, les entregó el recibo por dicha cantidad, en papel oficial y con su firma «a pesar de que ya no tenía la condición de agente financiero en ese momento».

La demandada se embargó así de la suma total de 100.000 euros con la que “nunca se hizo efectiva la suscripción de productos financieros”, por lo que incorporó esta cantidad a su patrimonio. Tampoco se ha probado que durante el período en que ocurrieron los hechos padeciera una «anomalía mental» que le impidiera comprender la ilicitud de sus actos.

El juzgado señala que el propio imputado admitió que no podía contratar los productos financieros que buscaban los perjudicados y «sin embargo les hizo creer que lo hacía» pagándoles los intereses «de su propio bolsillo», por mantenerlos «en ese estado de engaño».

Aunque he recibido pagos de clientes, «No las ha anotado en cuentas bancarias y no las ha recibido por contratar un producto financiero», como dijo el director de la oficina del banco. “Hubo, por tanto, dolo previo y dolo por parte de los perjudicados que, en el error de que el solicitante tuvo que invertir su dinero, realizaron una transmisión de bienes en perjuicio de ellos”, se lee en el auto.

También reconoce el agravante del abuso de las relaciones personales regulado por la ley porque el imputado se aprovechó de la confianza de las personas ofendidas, con las que tenía una «amistad íntima y personal, cuidando previamente sus ahorros, yendo de caza juntos y acudiendo también al domicilio de las personas ofendidas de forma regular y normal».



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