Los Perdones: la cara invisible de la Catedral


cuando hablamos de Catedral Siempre nos centramos en la fachada principal y el interior del templo, pero casi nadie recuerda esta cara invisible del monumento, que nadie mira a pesar de su grandiosidad y que a nadie le importa, a juzgar por el estado de abandono en el que se encuentra. Ha sido encontrado. La fachada que se extiende por la calle Velázquez, la que vigila la puerta del perdones un trozo de historia perdido, una oportunidad desperdiciada durmiendo en el profundo sueño del olvido.

¿Cómo es posible que tu acera se haya convertido en un enorme estacionamiento? Así como se dejó morir el propio monumento, que a lo largo de esta ladera muestra profundas heridas que requieren una intervención urgente. En algunos, las piedras muestran un estado de erosión tan profundo que han perdido su identidad. Allí las palomas campan a sus anchas, y en sus barrancos los transeúntes siguen orinando, aprovechando la vegetación que les hace de parapeto.

Durante los últimos años, esta parte de la catedral duplicó su duración. Desde la apertura de la entrada al monasterio desde la calle Velázquez, los turistas recorren este camino y contemplan a diario el mal estado de las murallas y de la propia puerta de Los Perdones, que al estar cerrada requiere un mantenimiento mínimo. Los relieves de las paredes están tan desgastados que han perdido su historia, y la soledad de esta parte del complejo ha creado una capa de desgaste que cubre todo, desde el portón de hierro hasta el portón de madera y la entrada principal.

La sentencia que sufre la Porte des Graces no es nueva. Tuvo que sufrirlo como penitencia a lo largo de su historia. En 1876, cuando se quitó el pozo que había al pie de la torre de la catedral Mercado, Las piedras del pilar fueron depositadas, como si fueran escombros, en la Puerta de los Perdones para que los vecinos se lo llevaran todo, incluso la cruz de piedra que coronaba la fuente. En aquella época, la esquina de Los Perdones era una auténtica letrina donde se reunían los vendedores y vendedoras de verdura que tenían sus puestos en la Plaza de la Catedral. En su momento se dijo que este lado del monumento aún estaba muy en la ciudad, lo que los muchachos también aprovechaban para organizar sus juegos de pelota, utilizando los muros como frontón.

En 1905 se intentó devolver el esplendor a la fachada oeste mediante la construcción de una escalera de acceso con balaustradas correspondientes. La Puerta de los Perdones recuperó parte de su vida y en la posguerra llegó a rivalizar en popularidad con la puerta principal, ya que era la entrada oficial a las ceremonias celebradas en Capilla del Tabernáculo. La Puerta de los Perdones estaba rodeada de sillones de piedra y flanqueada por un pequeño jardín, sórdido y ruinoso, protegido por un gran portón de hierro que acentuaba el aspecto de abandono de este entorno. Los niños jugaban con estos hierros oxidados terminados en puntas de lanza como si estuvieran en el patio: saltaban la cerca, profanaban lo que quedaba del jardín, trepaban las esquinas de la fachada.




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