Los espectros de Cuenca Alcarria revividos por Layla Martínez se «comen» América latina y llegan asimismo a Corea – Cuenca Novedades


“Carcoma”, la novela con la que Layla Martínez (La capital española, 1987) revivió los espectros de la Alcarria de Cuenca, prosigue sumando novedosas ediciones, llegando a las 52, y traspasando fronteras, para ser traducida a 14 lenguajes. , ciertos lejanos como el coreano, el turco, el húngaro o el checo.

El creador del libro El descenso de Cuenca compartió con Europa Press el misterio del éxito de su primera novela, que mezcla la dura injusticia popular de los Beatos Inocentes con el realismo mágico de Pedro Páramo, la fantasía sudamericana de hoy o el imaginario colectivo de las ubicaciones. de la región.

“Fue el boca a boca, de lector a lector. Una editorial pequeña no puede llevar a cabo enormes campañas de promoción, con lo que estoy contentísimo, pues quiere decir que a la multitud le agradó”, agradece Martínez, que vendió mucho más de 15.000 ejemplares con Amor de Madre hasta la actualidad, un joven que visibiliza colectivos LGBTQ+ y movimientos feministas.

Con un paso pequeño pero regular, como el de las larvas de lombriz, la obra de esta diplomada en ciencias políticas y máster de sexología cruzó como una plaga el charco. Ahora se ha anunciado en Chile y próximamente va a ver la luz en Argentina, Colombia, México y Bolivia, a cuyas ferias el creador ahora fué invitado.

«Estoy muy feliz», confesó Martínez, enseñando que «Carcoma», si bien Alcarria de Cuenca es su ámbito local, se encara a cuestiones universales como la venganza, la dominación de clase o la crueldad de género. «Lamentablemente, pocos sitios en el planeta son inmunes a ella».

Aparte de despertar la curiosidad de los que leen en prácticamente veinte países, la narración de una abuela y su nieta brincó de forma directa de las páginas del libro. Aparte de la adaptación cinematográfica, ahora en construcción en México, hay 2 productoras, una de españa y otra brasileira, con intereses en llevar su novela a la pantalla.

“Me agradaría verla, pero sé que se transformará en una obra mucho más, pues se reinterpretará y a lo destacado no tiene que ver con mí, o no la voy a hacer. Disfrutas, como lo hiciste con Cristina Morales o Juan Marsé».

HISTORIA FAMILIAR

Martínez, que ha anunciado otros ensayos como «Embarazo portador» o «La utopía no es una isla», cuenta que su primera novela nació del deseo de contar la narración de las mujeres de su familia materna y hogar paterno en una localidad. en la cuenca «Hay cosas reales en el libro, como la narración de mi bisabuelo, la dureza de la posguerra, opiniones en espectros o beatos. Pero cambié el desenlace por el hecho de que deseaba proporcionarles a las mujeres de mi familia la posibilidad de vengarse».

“Debieron aguantar la crueldad de género y de clase, de ahí que deseaba que dejaran de ser víctimas en la ficción”, afirma la autora, quien añade que “el orgullo, la íra y el rencor” les asistieron a subsistir.

Aparte de estas mujeres, la novela tiene otros 2 personajes principales incontrovertibles: la vivienda, que «resguarda y asfixia», y el armario «hambriento» que traga a la multitud, y que asimismo tiene un fundamento real. “Absolutamente nadie desea reposar solo en esta casa, no mi abuela, que afirma que se le ha aparecido su madre”, atestigua Martínez, en referencia a la civilización de la desaparición y las visualizaciones que está muy popularizada en esta comarca conquense.

En lo que se refiere al vestuario, la autora afirma que se inspiró en el del cuarto donde duerme en el momento en que va a casa de su abuela, que tiene bastante concepto para la familia. “Tiene dentro trajes esenciales de la historia familiar, como el vestido de novia de mi abuela, que se casó de luto, el traje de nazareno de mi tío, o el sudario de mi abuela, que ‘ahora cosió y lo tiene, pendiente’.

No menos simbólicos son los fallecidos perdidos que llegan a la vivienda «tras haber atravesado las montañas» y que se refugian en las ollas de la matanza de la «vieja». Con ellos menciona a las bastante gente que, al terminar la guerra civil, escaparon a la Serranía de Cuenca, unos por supervivencia, otros por deber político.

SOMBRAS DE GUERRA

«Estas son las sombras que vivían en la montaña y bajaban a la noche a los pueblos para alimentarse y ver a la familia, y morían tras combates con la Guarda Civil o de forma directa en partidas de caza formadas por este género de cuerpos paramilitares que había». que los dejaron tirados, no en fosas recurrentes», condenó.

“Me daba la sensación de que esta gente, que regresa a saldar cuentas atentos y poder reposar, y que representa una herida popular que no ha popular un cierre colectivo ni simbólico, se mezclaba realmente bien con estos espectros que están en la sombra en este tiempo en el hogar, y que no tienen la posibilidad de salir pues no han cerrado este trauma».

En lo que se refiere al anonimato de la región donde avanza la trama, tras determinar que los personajes principales primordiales tampoco tienen nombre, Layla Martínez afirma que pensó en hacer un nombre ficcional, como William Faulkner o Gabriel García Márquez, si bien en el final optó por no llevarlo a cabo. para ofrecerle a la historia un espacio concreto.

“Pero la multitud de la comarca lo apreció, más que nada por el apellido Jarabo, que es bastante común y menciona al que fue ministro de Justicia en el franquismo” y que, según su relato, decidió refererir “vía vendetta” y para realizar justicia: «Había gente que hacía pasar un mal rato a muchas personas del vecindario y jamás los llevaron a juicio».

DÍA DEL LIBRO, TRANQUILO

Más allá de vivir en Barcelona, ​​localidad que vive como escasas el Día del Libro, Martínez encara este domingo la efeméride con la tranquilidad final que necesita el último tramo de la faena. “Solo quedan 10 días y este Sant Jordi estoy descansando. Reanudaré con la Feria de La capital de españa y las ferias de todo el mundo”.

En el momento en que se le pregunta si el libro que planteará, como dicta la tradición el 23 de abril, va a ser «Tarlo», afirma que «no posee vergüenza» y para sugerir uno relata a Édouard Louis. , un creador francés que asimismo cuenta la narración de su familia, abordando temas incómodos como el racismo, la homofobia o la pobreza.

En lo que se refiere a las lecturas que la inspiraron y que leyó en este salón de la vivienda de su abuela, la autora madrileña se afirma seguidora del terror, género que se inició con los anglosajones, como «Compilación de Pesadillas» o los libros de Stephen King, si bien acepta que en este momento diviértete con la mano del fabuloso latinoamericano.

“Me semeja mucho más rica que la anglosajona, por mucho más renovadora y por la utilización del lenguaje, en especial el creado por mujeres como Mónica Ojeda o María Fernanda Ampuero, en cuyas proyectos hay una hibridación entre géneros, como en Carcoma ” .





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